BOGOTÁ 14/02/2018
CRIPTOMONEDAS
LO
QUE NO SABEMOS DEL” BITCOIN “
¿Cuánta energía
consume el ecosistema de Bitcoin?
Bitcoin es
el futuro para muchos criptoentusiastas, o más bien deberíamos decir que la
criptoeconomía es el futuro: un futuro que están seguros de que ha llegado a
nuestro mundo para quedarse de una manera u otra. Pero ello no implica
automáticamente que todas las criptomonedas y tokens vayan a formar parte de
ese futuro, ni mucho menos que todas ellas sólo posean incontables e
idílicas ventajas y ninguna desventaja.
Como en todo progreso o avance de cualquier índole,
también hay evidentemente algunas grandes desventajas en el caso
concreto de Bitcoin. Algunas de esas desventajas ya las vemos a día de hoy,
como su limitación de operaciones por segundo que diversos forks (Bifurcación
“sistema operativo” ... Una bifurcación o fork, cuando se aplica en
el contexto de un lenguaje de programación o un sistema operativo, hace
referencia a la creación de una copia de sí mismo por parte de un programa, que
entonces actúa como un "proceso hijo" del proceso originario, ahora
llamado "padre".)
están tratando de solventar con tanta polémica interna, y otras sólo podremos
verlas conforme vaya llegando un futuro siempre impredecible.
Pero hay otra desventaja de Bitcoin que se revela
ya como un gran inconveniente en la era del calentamiento global: el
ingente consumo de energía que puede estar suponiendo mantener esas
colosales granjas de minado de Bitcoins.
Esta sencilla pregunta puede parecer que tiene una
fácil respuesta, y no. Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que estimar
el consumo total de energía que Bitcoin está absorbiendo es una difícil tarea.
Una tarea en la que ya se han puesto manos a la obra algunos criptoentusiastas,
conscientes de que el tema energético puede suponer el talón de Aquiles de todo
el ecosistema Bitcoin.
Pero se hace necesario ir un poco más allá de la
pretendida rigurosidad de unas cifras de consumo que realmente pueden
no tener apenas fundamento. La realidad es que el "Bitcoin Energy
Consumption Index" de Digiconomist se basa en premisas que implican
realmente poca exactitud en las cifras de consumo energetico que publican.
Una de las premisas fundamentales es asumir
(sorprendentemente) que, de media, los mineros de Bitcoin gastan el 60% de sus
ingresos en costes operacionales, además de que, de esos costes, cada 5
céntimos de gasto implican un consumo de 1kWh de electricidad. ¿Cuál es
la base empírica para poder afirmar que estas asunciones son correctas? El
quid de la cuestión es que las justificaciones rigurosas que avalan esta
asunción brillan por su ausencia, por lo que estas cifras no deben ser
automáticamente adoptadas como axioma.
Así que, este análisis se limitará
simplemente al máximo rigor que las estimaciones disponibles nos premiten: la
referencia de mínimos, el orden de magnitud aproximado, y su proyección a
futuro.
Como mero preámbulo del análisis más detallado que
sigue, hay que decir que el ecosistema Bitcoin consume mucha energía, un
"mucha" para el que ha quedado claro que no tiene sentido aportar
cifras con exactitud milimétrica, pero un "mucha" que viene avalado
en su orden de magnitud por el hecho de que hay mercados como el de las GPUs
(Graphical Processor Unit) que se han visto literalmente copados por la demanda
de los criptomineros.
Su ordenador tiene una CPU (o Central Processor
Unit), que es ni más ni menos el procesador central de su equipo. Pero hace ya
bastantes años, por el consumo de capacidad de cómputo que empezaron a suponer
principalmente los videojuegos, los fabricantes de hardware sacaron placas
específicas para las operaciones gráficas, que eran las GPUs, con un procesador
y una arquitectura de propósito específico. Estas GPUs han resultado
ser una opción más barata y eficiente para hacer minería de criptomonedas.
Por ejemplo, así ocurrió recientemente en Rusia, habiendo llegado al extremo de que el
banco Sberbank tuvo que salir a excusarse públicamente por haber acaparado casi
todas las GPUs disponibles en el mercado ruso. Y tal cantidad de GPUs
acaparadas en el mercado, con el consumo que todas ellas suponen de forma
agregada más el de los correspondientes servidores que las albergan, sólo puede
ser el preámbulo del análisis detallado de las siguientes líneas.
Un cálculo
alternativo de mínimos que se puede tomar a modo de referencia
Prefiriendo pecar de conservadores en las cifras a
tener en cuenta, reputados y rigurosos medios como el Washington Post han
tratado de arrojar algo de luz sobre este tema (o más bien sobre sus cifras),
y han consultado a diversos expertos en la materia, publicando las cifras recabadas del propio sector.
Efectivamente, las cifras que han aportado estos
expertos del sector distan mucho de aquellas de Digiconomist, y mientras el
índice de este último arroja un consumo anual de aproximadamente 37 TWh
anuales, este conjunto de expertos estima que Bitcoin necesita una
potencia sostenida de entre 1 y 4 GW. Obviamente, el primer obstáculo es
que las dos cifras anteriores no pueden ser comparadas directamente, puesto que
están expresadas en unidades de medida distintas.
Pero sólo son necesarias unas sencillas
conversiones para poder hacer la comparación correcta entre ambas
magnitudes. Una cosa es consumo eléctrico (medido en
KWh-Kilowatioshora, TWh-Terawatioshora, etc) y otra muy distinta es potencia
(medido en GW-Gigawatios, Watios, etc.).
Para clarificar conceptos, en palabras sencillas,
la potencia es lo que se tiene contratado en un hogar como
los watios máximos que se pueden tomar de la red en cada momento:
si se sobrepasan, salta el diferencial. Por el contrario, el consumo se
expresa en Kilowatioshora, y es el consumo que se tiene de watios de
forma sostenida durante una hora. Es decir, una bombilla de 100 Watios de
potencia durante una hora supone un consumo de 0,1Kilowatioshora (el
"Kilo" obviamente aquí también añade únicamente un multiplicador por
millares).
Con ello, se pueden volver a valorar las cifras
estimativas del consumo global de Bitcoin. La cifra de potencia estimada por
los expertos del Washington Post estaba en una horquilla entre 1 y 4 GW de
forma sostenida, lo cual traducido a consumo sostenido durante una hora
es entre 1 y 4 GWh.
Ahora, para poder hacer una comparativa entre las
estimaciones poco rigurosas de Digiconomist y las de estos expertos, y así
saber hasta qué punto estamos siendo conservadores respecto a lo que muchos
medios están tomando como consenso del mercado, sólo nos resta
transformar esos 1-4 GWh al consumo anual que provee Digiconomist.
Para ello obviamente hay que multiplicar por el
número de horas del año, que son aproximadamente 8.760. El 1-4 GWh se
transforma en una horquilla entre 8,76 TWh y 35 TWh. Queda a la vista cómo
la horquilla definida por los expertos consultados por el diario norteamericano
prácticamente coincide en su extremo superior con las estadísticas poco
rigurosas (pero de consenso) de Digiconomist.
Para ser conservadores, y así evitar caer en el
mismo error de otros medios de tomar por consenso esas cifras, tomaremos
como consumo de referencia el extremo inferior de la horquilla: 8,76 TWh, o
lo que es lo mismo, un consumo 4.22 veces menor que aquel de Digiconomist.
Parece efectivamente una aproximación conservadora,
que si bien tampoco resulta rigurosa para los criterios personales y
profesionales más estrictos, debido a la imposibilidad de estimar con el debido
rigor el consumo global del ecosistema Bitcoin, sólo se puede evaluar su
impacto en el sistema energético mundial ateniéndose a una referencia
de mínimos y de orden de magnitud. Es decir, que se abordará el análisis
definiendo el escenario más favorable al ecosistema Bitcoin (que es
inversamente proporcional a su eficiencia y consumo energético).
Y establecidas las cifras de mínimos, se pueden hacer las
comparativas
Pues bien, sentadas las bases de la comparativa,
procede entrar en la comparativa en sí misma. Asumiendo ese escenario más
conservador, esos 8,76 TWh resultantes equivalen al consumo anual de
todo un país de tamaño reducido como puede ser Lituania, Paraguay o
Costa Rica, según la clasificación de países por consumo. Tal vez no parezca un consumo excesivo en este
contexto, pero se debe tener en cuenta también la pequeña fracción que al fin y
al cabo supone funcionalmente Bitcoin en el conjunto de nuestro sistema socioeconómico.
A valorar es también el agravante de que la
ineficiencia energética de Bitcoin es una mera cuestión de diseño, y que
este consumo tan elevado es realmente innecesario. Así, el asunto ya toma otro
aspecto.
Si además, en la ecuación de la comparativa,
añadimos ese factor del peso relativo que debería ocupar la función
socioeconómica de Bitcoin, tenemos que se debería entrar a comparar con el
consumo energético de aquella empresa que desempeña un papel socioeconómico
equivalente al de Bitcoin, pero en la economía tradicional: VISA.
Esta comparativa ya la hace Digiconomist en el
enlace anterior, pero la plantea con sus cifras de consumo tan poco rigurosas,
y además la plantea con unos datos que sería conveniente recalcular aquí de
otra manera para que quede más evidente el tema central del análisis de hoy. El
dato necesario es el del consumo de todos los Centros de Proceso de
Datos (CPDs) de VISA, y que es que supone el equivalente al consumo de 50.000
hogares estadounidenses.
Efectivamente, las cifras coinciden a grandes
rasgos con la cuarta parte que resultaba antes de la comparación de nuestras
cifras con los KWh de la estimación de Digiconomist, y para la que esa misma
página estimaba un consumo de Bitcoin equivalente a algo menos de unos 3,5
millones de hogares estadounidenses.
Es decir, aflora de nuevo el multiplicador de
suponer unas cuatro veces más que nuestra estimación de 814.000 hogares. Las
números encajan, con lo que la comparación parece adecuada. Los CPDs de
VISA consumen lo que 50.000 hogares estadounidenses, mientras que Bitcoin (como
mínimo y hoy por hoy) ya consume lo que 814.000.
Pero, como siempre, las comparaciones son odiosas,
especialmente cuando se comparan peras con manzanas. Si la comparación anterior
entre Bitcoin y VISA ya resulta abrumadora, en dicha comparación no
podemos dejar de incluir la variable del número de transacciones anuales que
procesa VISA y las que procesa Bitcoin.
En 2016 VISA procesó según Digiconomist unos 82.300
millones de transacciones, lo cual conlleva que, con su equivalente a 50.000
hogares a razón de 10.766 KWh por hogar, supone que cada transacción de VISA implica
un consumo medio aproximado de 0,00655 KWh. Mientras tanto, según los cálculos
de Digiconomist que tienen en cuenta el número de transacciones de Bitcoin,
para sus 37 TWh de consumo obtienen 285 KWh por transacción, con lo que para
nuestra estimación conservadora de 8,76 TWh se obtienen unos 67,5 KWh
por transacción de Bitcoin.
Es decir, una transacción con Bitcoin
consume unas 10.000 veces más energía que una de VISA, y eso asumiendo el
escenario más conservador y favorable a Bitcoin. La comparativa ya se torna
totalmente odiosa cuando, ahora sí comparando manzanas con manzanas, se tiene
que, para ese escenario de mínimos más conservador, con tan sólo unas 160
transacciones de Bitcoin ya se estaría consumiendo lo mismo que un hogar
estadounidense durante todo un año.
Se debe poner esta comparación en contexto, y
valorar todo lo que la energía permite hacer en un hogar durante un año,
compárandolo en términos relativos con esas escasas 160 transacciones. Por
poner otras cifras equivalentes que permitan valorar el dato en toda su
magnitud, se debe tener en cuenta que una única transacción de Bitcoin
consume el equivalente al consumo de casi dos días y medio de todo un hogar
medio estadounidense.
O lo que es lo mismo, con una simple transacción
para pagar el pan cada mañana ya se estaría consumiendo tanta energía como todo
un hogar en cerca de dos días y medio. Un despropósito en términos energéticos,
especialmente cuando además del pan se debe hacer también recurrentemente
transacciones para pagar la compra del súper, el depósito de gasolina, la
carnicería, y así hasta un largo etcétera que contabilice todo lo que un
ciudadano medio paga día a día y semana a semana.
Llegados a este punto, procede recordar que
nuestras estimaciones son las más conservadoras posibles con las estimaciones
disponibles. Aunque la aproximación no sea milimétricamente exacta, el
orden de magnitud resulta igualmente muy significativo e impactante. Ahora
se puede pasar ya a analizar el posible impacto medioambiental de todo este
asunto.
¿Y por qué un alto
consumo energético puede tener implicaciones medioambientales en el caso de
Bitcoin?
Pues la pregunta anterior tampoco no es baladí, ni mucho menos.
Es además una pregunta totalmente procedente en este momento. Realmente, un alto consumo energético no tiene por
qué implicar necesariamente un alto impacto medioambiental:
todo depende del mix energético de cada país, o dicho en otras palabras, de qué
fuentes de energía utiliza cada sistema energético nacional para la generación
de toda la energía eléctrica que fluye por su red de distribución.
Efectivamente, el
coste de la energía es clave en la rentabilidad del minado de Bitcoin.
Es por ello por lo que, por ejemplo, hay granjas de minado que se establecen en
las mismas centrales generadoras hidroeléctricas porque las pequeñas
diferencias de coste que supone estar pared con pared (o presa con presa) con
la fuente de energía pueden significar un diferencial de rentabilidad en el
minado más que apreciable.
Así por ejemplo hay una compañía austríaca que además se engloba
dentro de la corriente
de mineros que aboga por alimentar el ecosistema Bitcoin con energía renovable,
tal y como nos
explicaba la publicación The Verge.
Sin restar un ápice ni de mérito ni de visión a iniciativas como
la anterior, lo cierto es que Bitcoin es una criptomoneda global, que orbita
alrededor de un ecosistema y una comunidad global. Esto quiere decir que todo
agente socioeconómico de este ecosistema, a falta de una regulación global que
se antoja más que difícil de conseguir, va a buscar la mayor eficiencia en el minado.
Y ello pasa inevitable
y casi exclusivamente por minar allá donde la energía es más barata.
Y este razonamiento no es un razonamiento teórico que no pueda
ser contratastado con cifras. Es un hecho constatable avalado por la realidad y
por la configuración de la comunidad de criptomineros actual de hoy por hoy. En
la actualidad, la
inmensa mayoría de esas descomunales granjas de minado de Bitcoins,
que han resultado ser la forma más rentable y casi exclusiva de minar Bitcoin
hoy en día, están
localizadas en China. Y el mix energético de generación chino
no se caracteriza precisamente por su condición de renovable ni de
sostenibilidad: más bien es al contrario.
De hecho, los casos que más abundan son casos como por ejemplo
el citado de Bitmain Technologies Limited, que posee una granja de minado en la
región de la Mongolia interior donde hay 8 mastodónticas naves de metal de 100
metros de largo cada una, que albergan en total nada menos que 25.000
servidores, que minan Bitcoins 24 horas al día.
Toda la
instalación de Bitmain consume energía generada con una de las fuentes de
energía más contaminantes: el negro carbón. Y así hay una larga
lista de instalaciones de minado que no hacen sino contribuir de forma
importante al calentamiento global (que es ya más que evidente), además de a
elevar los nocivos niveles de contaminación ambiental.
Ésta es la realidad de la generación de la mayor parte de la
energía que alimenta el ecosistema Bitcoin, que ya ha quedado demostrado antes
que supone ya a día de hoy un consumo de energía nada desdeñable.
Y ésta es la foto actual...
¿Qué tal si se incluyen en el balance las proyecciones a futuro?
Pero ¿Y qué hay si ahora se introduce en este punto del análisis
el hecho de que actualmente
la adopción masiva de Bitcoin es apenas residual como medio de pago, y
realmente tiene un largo camino por delante de crecimiento? Se
debe recordar que este crecimiento lo será tanto en utilización por la
población en general, como de su infraestructura para dar servicio a tantos
millones de futuros usuarios potenciales.
Sin duda, el único "pero" a todo este análisis puede
ser mencionar el día en que se alcanzarán el máximo por diseño de 21 millones
de Bitcoins posibles. Seguramente muchos dirán que entonces el impacto
energético y medioambiental cesará porque ya no habrá más actividad de minería.
Primeramente, hay que tener en cuenta que la complejidad del
minado de Bitcoin crece considerablemente conforme hay más mineros y menos
bitcoins por minar, y con la complejidad crece también de forma paralela el
consumo energético. Es por ello por lo que el escenario hasta llegar a ese
límite de 21 millones supone un horizonte temporal no despreciable,
especialmente por el consumo exponencialmente creciente que habrá hasta
entonces.
Adicionalmente se tiene que, una vez que el minado se acabe por
diseño, Bitcoin se
seguirá enfrentando a una ineficiencia por diseño. Si bien
Bitcoin entonces puede no ser tan ineficiente (valga la redundancia) como el
minado en sí mismo, sí que es cierto que su diseño de Proof-of-Work lo hace igualmente ineficiente en
su operativa diaria, lo cual unido a la adopción masiva
probablemente hará que el problema energético no sólo persista, sino que vaya a
(mucho) más.
Paradójicamente es el
carácter distribuído de Bitcoin el que le ha hecho ser una
solución de futuro para tantas cosas, pero ahora resulta ser su propio talón de Aquiles:
la distribución hace que cada transacción conlleve que una misma operación de
Bitcoin implique una carga computacional que se multiplica de forma
proporcional al tamaño de la red distribuída.
Y las implicaciones sobre la
criptoeconomía en su conjunto serían...
Pero que Bitcoin sea en su diseño actual una actividad de
excesivo impacto energético y medioambiental no tiene por qué implicar que lo
vaya a seguir siendo en un futuro. El
diseño de Bitcoin puede ser modificado de diversas formas, y no
se puede descartar que en un futuro no muy lejano la comunidad pueda decidir
acometer un fork que cambie radicalmente la terrible huella de carbono actual
del ecosistema Bitcoin.
Eso por no hablar (hoy) de otras alternativas y ecosistemas que hay ya en la
criptoeconomía, y cuyo diseño es eficiente en términos energéticos.
En términos medioambientales, realmente, poco se puede hacer si los futuros
conglomerados de minado u operación se ubican en países de costes energéticos
bajos pero de mix energético negro como el carbón.
Aquí sólo podría haber un halo de esperanza con algún tipo de
regulación internacional que se antoja complicada con un criptoecosistema
descentralizado por naturaleza, y que además supone una de sus grandes
ventajas. Aunque lo cierto es que, si
el ecosistema es eficiente, ya se tendría mucho terreno ganado.
Bitcoin trae bajo el brazo enormes ventajas, pero, lejos de
alcanzar la perfección áurea, también tiene algunos importantes inconvenientes
ya presentes (y otros futuros que vendrán). Como todo en nuestro mundo siempre
cambiante de hoy en día, la criptoeconomía también tiene que reinventarse
contínuamente para sobrevivir, y Bitcoin
debe empezar desde ya remando en la dirección de la eficiencia energética.
Articulo tomado de XATAKA
Publicado 13 de febrero de 2018.